23 de septiembre de 2008

SONETOS de Enrique Ameijeiras

Comparto con quien lo desee algunos de mis sonetos, de aquella época en que atrapaba un pensamiento y lo metía en una jaula.
Enrique Ameijeiras.

DIGNIDAD

No te arrastres por senderos sinuosos
que llevan sin llevar a cualquier parte.
No dejes a la vida doblegarte
ni alejarte mas del perfecto gozo.

Resucita sin morir derrotado
liberate de los cinco carceleros
descubrí otros sentidos prisioneros
y no te creas nunca condenado

Por que el ave que resurge de las ruinas
no escatima esfuerzo por librarse
de las fauces del tiempo que termina,

Pues nunca acaba el tiempo de acabarse
y pase lo que pase con la vida
vida sigue siendo en otra fase.

SÉCULA SECULORUM

Avanzamos y arrastramos las cadenas
que nos atan a este mundo incomprensible
insensibles a la angustia y a las penas
proseguimos en la marcha inconmovibles.

Sabiendo que el final es previsible:
la muerte muy serena nos espera,
no obstante, por ahora somos libres,
y seguimos ciegamente la carrera.

Algunos creen que bien vale la pena
sufrir por alcanzar esa diadema
que en la frente le pondrán incorruptible.

pero otros, los sin fe, la gente humilde,
los que mueren sin morir en larga espera
hasta insultan a la muerte que no llega

INCOMPETENTE

A la hora de juzgar a esta gente,
han de permitirme, colegas jueces
manifestarles que para estas veces
me declaro, sin duda, incompetente.

Habrán de juzgar, entonces ustedes,
los jueces que condenan y ejecutan,
si no hay quienes su autoridad discutan
y delegan, cobardes, sus deberes.

Yo no puedo medir mas, con una vara
ya que ésta es muy dura y traicionera
y se enreda insolente entre mis faldas.

no sería ésta la vez primera
que un justo juez del cielo, a mis espaldas
con esa misma vara me midiera

LAS ESTACIONES DE UN AMOR

Se te hubiera conocido en verano
le echaría la culpa al sol de enero
del calor en mi pecho, de ese fuego
haciéndose brazas entre mis manos.

Si te hubiese perdido en invierno
le hubiera echado la culpa a la helada
de los glaciares de tu mirada
de la muerte de los brotes más tiernos

pero te he conocido en primavera
cuando la tierra recuerda la esencia
con que crearon los cuerpos de tierra.

y es por eso este otoño de tu ausencia
cuando en vano, tu corazón de piedra
palpita distante de mi conciencia


LIBÉRRIMO

Deberías saber que no soy carne
que pudieres guardar tras estas rejas.
y las quejas que se elevan a la tarde
cuando arde el sol sobre las tejas,

son el canto de mi alma dolorida
que todavía sueña con ser libre
como es libre el ave que domina
su propia vida sin que lo dominen.

A pesar de las rejas que me encierran
y me niegan completa libertad
soy libre de pensar lo que yo quiera
y a pesar de vivir tras estas piedras
que verdes hiedras quieren ocultar
yo seguiré sintiendo a mi manera

TREINTA MIL

Han sonado treinta mil campanadas
y pusieron treinta mil crespones negros
treinta mil palomas blancas en los cielos
han surcado el añil de la mañana.

Treinta mil pañuelos blancos en la plaza
muchos de ellos coronando la cabeza
de las madres que en silencio encabezan
otra marcha que entre sombras se desplaza

Nadie puede ver las treinta mil palomas,
nadie ve los crespones enlutados
Nadie puede ver las treinta mil personas

ni escuchar el batir del campanario
ni sentir su gemido cuando imploran
NO DESCUIDEN LA MEMORIA DEL PASADO

Enrique Ameijeiras


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